Tonterías que se pegan

Yo creo que es inevitable.
Como alguna tontería te guste o te haga gracia, la acabas adoptando como propia.
A mi me pasa continuamente, pero una que repito y nadie entiende es la de este video:

Y claro, cuando me pongo a preguntar que dónde irá el pelirrojo o que si mira el de la furgoneta, la gente se queda con cara de póquer.
Bueno, a veces me encuentro con alguien que, milagrosamente, ha visto el vídeo, y no me siento como un estúpido repitiendo las manidas frases.
También cuando tengo una pera en la mano, y la llamo Maria Elena, o hablo del Cocodrilo Pornográfico la gente se me queda mirando como si acabase de decir que Bush tiene intelecto. Tambien cuando digo “para estas cantidades” o “dicen que es la misma pero no es la misma” (de la serie Roseanne).
Por suerte cuando suelto alguna frase de Homer Simpson como “Me aburro” o “Quiero mi bocadillo” que la gente ha visto no sé cuantas veces. Me gusta la de “Hijos os habéis esforzado, y para qué? para hacer el ridículo, la moraleja es: no os esforcéis“.
Y más reciente el “Zas, en toda la boca
En ese aspecto, mi amigo Kaskete (y en ocasiones Andrinete o Henry) es el que me surte de chascarrillos que acaba repitiendo todo el grupo, como:
“En España, y también en Portugal”, “¿Tú eres de Yiy’s o Pulgaryiy’s?”, y otras cuantas…
Frases que, sin el momento adecuado (y una debida repetición) no tienen la gracia que en persona.

En fin, ¿quién no tiene coletillas?

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Soy un ignorante

Bueno, no es que sea tonto ni nada por el estilo (o eso creo). El problema está en que, me he dedicado en mi vida más a saber un poquito de todo. Y parece que lo he conseguido, pero, cuando me comparo con gente que sí ha dedicado más parte de su tiempo a informarse o profundizar en ciertos temas, yo quedo como lo que soy, un ignorante.
Sí, está claro que siempre habrá alguien que sepa más que tú del tema (el que sea), y que no está tampoco nada mal saber un poco de muchos temas (así nunca te pillan en blanco), pero como dice el refrán: el que mucho abarca, poco aprieta.
Mi opción quizá no sea la mejor, pero es la que me resulta más cómoda.

Sufrimiento

Iba a titular realmente al artículo “Sufrimiento (o como montar un espectáculo televisivo con algo más de 200 bocatas)”, pero me pareció demasiado largo, y así se queda.
Bueno, ahora las explicaciones:
Ayer fue mi pueblo a concursar al “Grand Prix”. Sí, ese programa que antes se emitía en TVE1 y lo presentaba Ramón García y ahora es en las autonómicas y lo presenta Bertín Osborne.
Os voy a explicar qué pasó ayer y entenderéis el título.
2 autobuses: 1 para los participantes a las 10 de la mañana (en ese iba yo), y otro a las 13h para el público. Tras una hora de viaje (cosa que no les pasó a los de El Campello), llegamos allí, nos tienen una hora mareándonos sin decirnos nada, y luego aparecen 3 simpáticas azafatas que nos explican todo (5 minutos excasos de explicación). Los participantes de las pruebas físicas se van a vestir (unos 15 minutos), y el resto del tiempo sin hacer nada (a mí me dio tiempo a dormirme en el frío suelo, no digo más).
Nos dan de comer (bueno, no era la ostia, pero al menos no era un cutre bocata).
Al rato aparece el público. No nos cuentan nada… La gente más despistada que un gato en una fábrica de sifones. Lo típico, te pones a hacer fotos. Para eso sí, aparece una señorita que se pone muy exaltada exigiéndonos que no hagamos más fotos.
A los del karaoke nos apartan en una minisala con televisión para hacernos la prueba, mientras meten al público al plató para darles las instrucciones. Al menos la sala tiene comida y bebida.
Yo creo que hicimos la prueba bien, pero…
Tras hacer la prueba, nos encienden la tele para ver cómo va el programa. Nos explican que no entraremos hasta la tercera prueba (para que no nos chivemos).
En la sala, el aire acondicionado apenas funciona y hace un poco de calor. Nos hacemos medio-amiguetes de los concursantes del otro pueblo (El Campello, un pueblo de Alicante).
Vamos viendo cómo hacen las pruebas, todos muy correctos, alegrándonos con nuestras victorias, pero sin menospreciar al contrario.
Llega el momento y nos sacan a plató. Entonces lo noté: el chorro de calor del mismo p#t* infierno que salía del plató.
Nos juntan, sale la prueba, y descubrimos el primer tongo del programa. Paco Morales (el artista padrino), un tío que se dedica a presentar programas de música y karaoke, no sabe distinguir las canciones que cantamos. Sospechoso. Y nuestro alcalde, un poco patán.
El calor es sofocante, insoportable, y sólo llevamos unas horas.
Para colmo, empezamos a notar ciertas irregularidades en la forma de puntuar y calificar las pruebas. Entre el calor, que no te dejan salir a mear, y el tongo, el ambiente se caldea cosa fina.
Aún así, vamos sacando las pruebas adelante (algunas con más acierto, otras con menos), y es por eso que el ánimo no decae.
Nos reconciliamos con el padrino tras hacernos ganar una prueba. Menos mal, porque creemos que era tonto de capirote. No es mal tío, y seguramente le obligaron a hacer lo del karaoke (que, de verdad, nos sentó fatal) y hasta le coreamos.
Descanso, algo forzado, con bocatas para todos y un refresco. Muy poco tiempo, que hay prisas. Menos mal que en la calle ya no hace tanto calor. Yo me empapo la cabeza debajo del grifo para aguantar la presión y el calor (me sirvió como para 10 minutos dentro del plató).
Calor, más calor, y mucho calor. Da igual que enchufaran unos extractores que hacían un ruido del demonio, allí, por más botellas de agua que traían (que cada caja de 30 botellas duraba 30 segundos), el calor se hacía asfixiante. Para colmo, los pocos abanicos que se había traído la gente, no podían salir en pantalla, y durante los rodajes a pasar calor, y a aplaudir cada vez que ellos querían (tuviésemos ganas o no).
Llega la prueba de los bolos y el tongo se hace tan evidente, que apenas dejan seguir el rodaje la gente más mayor de mi pueblo. Los jóvenes volteamos los ojos y pensamos “vaya m13rd4”, pero preferimos eso a increpar a nuestra azafata.
En la última prueba arrasamos y nos alzamos con la victoria. Se desata la euforia. Gritamos como cabronías y les cuesta volver a calmarnos.
Después de cerrar el programa, seguimos con el resquemor del tongo de los bolos, y nos vamos a casa cantando y riendo (y de vez en cuando increpando a los organizadores por el incidente).
El alcalde abrió la piscina por la noche para nosotros para celebrar la victoria.
Yo, por mi parte, contento de haber ganado la prueba, y sobre todo, de no habernos clasificado para la final y meternos otras 14 horas en el infierno.